Tirado en el suelo, jugando con las crujientes hojas de otoño, perdido en los tonos anaranjados, soñando despierto, dejando que el viento libremente soplara sobre su rostro, desordenándole el cabello. A veces está bien dejar que la estación sea quién mande, a veces es divertido transformarse en niño y fingir que todo va bien
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