lunes, 22 de noviembre de 2010

Tardes de primavera

El olor a tierra mojada, las sombras alargadas, el cielo azul impecable y las flores. Las señoras regando, cuchicheando; los niños jugando con las chancletas mojadas y llenas de barro, corriendo por la calle de un extremo a otro, ocultándose entre los abroles, con las rodillas peladas, llenas de costras de escondidas pasadas; los hombres y mujeres que contemplan el ocaso de la jornada, corriendo de un lado a otro u aguardando apenas el final del turno.

A esa hora también, las viejas se pierden entre palabras y palabras, en la retórica asfixiante de oraciones, solo para descansar levemente cuando solo una debe recitar los misterios, mientras las otras mantienen la cabeza gacha, agarrando el rosario entre las manos arrugadas y sucias, como una brujas, alistando la lengua, reuniendo saliva, para empezar de nuevo con aquel 'Dios te salve María, llena eres de gracia...' eterno.

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