Era un olor horrible, que entraba a mis fosas nasales como arañando todo a su camino, yo reí, reí, reí... Dios.... ¡Qué risa! y volví a inhalar como una desquiciada más, en el mar de idiotas perdidos, buscándose entre los cabellos quemados, las ropas húmedas y holgadas y el viento de principio de verano, que parecía sacudirlo todo....
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